El espeleólogo ciezano Jesús Martínez Sánchez-Dehesa, de la Sección de Espeleología Universidad Politécnica de Valencia, junto con el madrileño Pedro Rodríguez, del GAEM de Madrid, regresaron el pasado día 4 de septiembre después de un mes en la expedición Towards of the center of the Earth, en la sima Krubera-Voronya, de 2.191 metros, la más profunda del mundo y la primera en superar los 2 kilómetros, en opinión de los expertos el Everest de las profundidades, situada en la república de Abjasia, al sur de Rusia.

En un principio, el trabajo de los espeleólogos españoles era transportar el material de instalación, alimentos y buceo necesarios para superar el sifón Kvitochka (a 1.980 metros bajo el nivel del suelo), y posteriormente dirigirse hasta el Game Over, a 2.080 metros de profundidad. Pero durante el tercer día de descenso, cuando se encontraban bajando material de la cota -1.415 metros a la de -1.643., Jesús empezó a encontrarse mal, aunque no le dio importancia. El problema vendría durante el regreso, a los -1.415, en el transcurso del ascenso de los pozos, cuando comenzó a subir su temperatura corporal hasta el punto de no tener fuerzas ni tan siquiera para abrir un mosquetón o costarle trabajo incluso respirar.

Poco a poco, conseguía ir superando los pozos, que se hacían interminables, pero el principal problema era que, todavía antes de llegar al vivac de -1.415 metros, había que superar el sifón 1, un tubo de presión de escaso tamaño el cual había que vencer a pulmón con el agua a 4ºC de temperatura. A lo largo de unos eternos minutos de incertidumbre y un mar de dudas, sobre todo por parte de su íntimo amigo Pedro, decidieron que lo mejor era culminar el sifón situándose un compañero a cada lado por si Jesús perdía el conocimiento. Unos instantes de un suspense de vértigo y, por fin, afortunadamente, Jesús lo superó, aunque empeoró su estado por la baja temperatura del agua, hasta el punto de llegar arrastrándose hasta el vivac. Allí tuvo que permanecer dos días inactivo hasta que se recuperó.

A pesar de este inesperado problema, se cumplieron todos los objetivos marcados para la campaña, obteniéndose los datos de los medidores de nivel de agua colocados el año pasado en la sima y cambiando éstos de lugar para obtener nuevos datos el año próximo. También se exploraron y topografiaron 130 metros más de sima y se extrajeron insectos para su estudio.

“Ha sido la primera vez que se han superado los dos kilómetros de profundidad por cuevas que son como la alta montaña, llenas de roca, agua y barro”, explica Jesús.

Para este espeleólogo natural de Cieza (Murcia), respaldado por Vents, Rodcle y la Sección de Espeleología de la UPV, la aventura no ha hecho más que empezar. El año que viene piensa arriesgarse de nuevo y no descarta ir a sitios tan dispares como Turquía o Papúa-Nueva Guinea.

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